EHE en vacuno de carne: cómo llegar preparados al verano

La llegada del calor supone un reto sanitario añadido para las explotaciones de vacuno de carne. El aumento de las temperaturas favorece la actividad de los insectos del género Culicoides, responsables de la transmisión de la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE), una enfermedad vírica que en los últimos años ha tenido un importante impacto en numerosas explotaciones españolas.

Aunque no se transmite directamente entre animales, la circulación de vectores durante los meses cálidos incrementa el riesgo de aparición de casos clínicos. Por ello, la preparación antes del verano resulta fundamental para detectar precozmente la enfermedad, minimizar sus consecuencias y facilitar la toma de decisiones junto al veterinario.

La experiencia acumulada en las últimas campañas ha demostrado que la vigilancia temprana, el control de vectores y la planificación sanitaria son herramientas clave para afrontar este desafío.

¿Qué es la EHE y por qué preocupa tanto?

La Enfermedad Hemorrágica Epizoótica es una enfermedad vírica causada por un Orbivirus y transmitida por insectos del género Culicoides. Aunque afecta principalmente a rumiantes silvestres y domésticos, el vacuno puede presentar signos clínicos que comprometen seriamente su bienestar y productividad.

Desde su detección en España, la enfermedad ha generado preocupación por su rápida expansión geográfica y por las pérdidas asociadas a mortalidad, reducción de la producción, problemas reproductivos y costes de manejo. Aunque muchos animales se recuperan, el verdadero impacto suele estar en las pérdidas productivas acumuladas, especialmente en explotaciones extensivas y semi-extensivas donde coinciden:

  • Mayor actividad de vectores.
  • Elevadas temperaturas.
  • Grandes superficies de pastoreo.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) mantiene información actualizada sobre la situación epidemiológica y las medidas de vigilancia en España.

Principales efectos sobre la producción cárnica

  • Menor ganancia media diaria (GMD): los animales afectados suelen reducir el consumo de alimento debido a la fiebre, el dolor y el malestar general. Como consecuencia, ganan menos peso o incluso lo pierden.
  • Pérdida de condición corporal: la disminución de la ingesta y el aumento de las necesidades energéticas durante la enfermedad provocan un deterioro del estado corporal.
  • Cojeras y problemas de movilidad: las lesiones en pezuñas y coronas dificultan el desplazamiento hacia comederos y bebederos, agravando la pérdida de rendimiento.
  • Retrasos en la salida al mercado: los animales tardan más tiempo en alcanzar el peso objetivo de venta, incrementando los costes de alimentación y manejo.
  • Aumento de costes: la enfermedad genera gastos asociados a la atención veterinaria, los tratamientos de soporte, la mano de obra adicional y la vigilancia y seguimiento sanitario.
  • Impacto reproductivo en vacas nodrizas: en algunos casos puede afectar al estado general de las vacas, comprometiendo la fertilidad, la producción de leche para el ternero y la recuperación postparto.

Signos clínicos que no deben pasarse por alto

La presentación clínica puede variar entre animales y explotaciones. Algunos animales muestran síntomas leves, mientras que otros desarrollan cuadros más severos.

Conviene prestar atención a:

  • Fiebre y decaimiento.
  • Pérdida de apetito.
  • Salivación excesiva.
  • Lesiones o ulceraciones en boca y morro.
  • Inflamación de párpados y mucosas.
  • Cojeras o dificultad para desplazarse.
  • Inflamación de la corona de la pezuña.
  • Pérdida rápida de condición corporal.
  • Animales aislados o con comportamiento anormal.

Ante cualquiera de estos signos, especialmente durante los meses de mayor presencia de vectores, es recomendable contactar con el veterinario lo antes posible.

Vigilancia y diagnóstico: actuar pronto marca la diferencia

La detección temprana sigue siendo una de las herramientas más eficaces para limitar el impacto de la enfermedad.

La observación diaria del rebaño permite identificar cambios de comportamiento o síntomas compatibles antes de que el problema se extienda. Además, registrar los casos, fechas y lotes afectados facilita el seguimiento clínico y la toma de decisiones.

El veterinario valorará la necesidad de realizar pruebas diagnósticas y establecer medidas de manejo adaptadas a cada situación.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publica información periódica sobre la evolución de las enfermedades transmitidas por vectores en Europa:

Manejo de animales afectados y movimientos

Cuando aparecen animales compatibles con EHE, resulta importante minimizar el estrés y garantizar un acceso adecuado a agua y alimentación.

El veterinario establecerá las medidas terapéuticas y de soporte más adecuadas en cada caso, así como las recomendaciones relacionadas con movimientos de animales, aislamiento de lotes o seguimiento clínico.

Antes de realizar movimientos entre explotaciones o zonas geográficas diferentes, conviene consultar la situación epidemiológica vigente y las posibles restricciones aplicables. La Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) dispone de información técnica sobre la enfermedad.

Coordinación entre ganadero y veterinario: la mejor herramienta preventiva

La experiencia demuestra que las explotaciones mejor preparadas son aquellas que trabajan con un enfoque preventivo durante todo el año.

Revisar el plan sanitario antes del verano, identificar puntos críticos de presencia de vectores, reforzar la vigilancia clínica y establecer protocolos de actuación ante sospechas permite reaccionar con mayor rapidez y reducir el impacto sanitario y productivo.

La EHE seguirá formando parte de los retos sanitarios del vacuno de carne en los próximos años. Por ello, la colaboración entre ganadero y veterinario será clave para proteger la salud del rebaño y mejorar la capacidad de respuesta frente a nuevas campañas vectoriales.